domingo, 16 de julio de 2017

El Carmen llena con miles de fieles las calles de La Isleta


Pasaban diez minutos de las cinco de la mañana cuando la Virgen del Carmen de La Isleta salió por la puerta grande de la iglesia de la calle Benecharo. Miles de fieles se golparon en las calles aledañas al templo para presenciar un momento de gran fervor religioso que se repite cada 16 de julio. Durante todo el recorrido de la procesión se sucedieron los vivas y las lágrimas al paso de la patrona de los marineros. El barrio portuario de Las Palmas de Gran Canaria se llenó de fervor religioso durante más de cinco horas.
Se murmuraba a cada paso, en cada esquina, "nunca he visto tanta gente", repetían una y otra vez. Según José Falcón, miembro de la Comisión de Fiestas, el hecho de celebrarse la procesión en la madrugada del sábado al domingo ha conseguido atraer a más gente que en otras ocasiones. Las calles estaban abarrotadas por momentos con fieles que no dudaron en madrugar, no obstante, muchos de ellos ya lo habían hecho durante la semana para las distintas procesiones del Rosario de la Aurora.
Las calles del barrio portuario se llenaron durante el día de ayer de coloridas alfombras de sal, arena, tierra o caucho; materiales muy diversos, que serían arrastrados en la mañana de hoy por la comitiva de la Virgen y el gentío del público. La calle Romeral puso la guinda final a la procesión con un colorido homenaje a la Virgen de los Reyes de El Hierro. Vecinos y conocidos hicieron la víspera de la patrona de los marineros un manto de tierra y sal con diseños que recordabanlas escenas de la bajada de la Madre Amada de los herreños, desde su ermita hasta Valverde, pasando por el baile de la Cruz de los Reyes. Al paso del Carmen los vecinos pusieron la música de la danza tradicional de la isla del Meridiano para amenizar el momento.

viernes, 14 de julio de 2017

La Policía Local le multa por quejarse

La denuncia interpuesta por el agente y el escrito que presentó el ciudadano.
José Manuel Suárez, un ciudadano que desarrolla su actividad profesional en la capital grancanaria, explica que este martes se encontraba en las inmediaciones de la plaza de La Feria cuando se percató de que tres agentes de la Policía Local tenían estacionadas sus respectivas motos en un paso de peatones que hay en el cruce con la calle León y Castillo. «Estaban obstruyendo el paso e incluso una estaba estacionada transversalmente», señala.
Añade que «como vi que no estaban haciendo ningún servicio urgente, al pasar a su altura les dije que si eso lo hiciera un ciudadano ellos no lo permitirían», para posteriormente continuar su camino.
Sin embargo, asegura, cuando ya había avanzado unos metros «me llamó uno de los agentes y me dijo que me acercara». En ese momento, «me pidió que le diera el DNI y me informó de que me iba a multar por falta de consideración a un agente», prosigue.
Este ciudadano comenta que le dijo al agente local «que no me parecía bien que me multara porque yo no le había faltado al respeto», pero que si iba a proceder a sancionarlo «que me diera su número de placa».
El ahora denunciado expone que mientras se sucedía esta escena «otro de los agentes que estaba con él comenzó a grabarme con su teléfono móvil», acción que no dudó en recriminarle.
«Le dije que por la Ley de Protección de Datos no podía grabarme con su teléfono particular y él me respondió que yo no sabía interpretar la ley y que sí que podía grabarme», dice.
Apunta, también, que le solicitó al agente del cuerpo de seguridad capitalino que «borrara la grabación» y que dejara constancia de su oposición a ser grabado.
A continuación, el primero de los agentes le hizo entrega de la sanción y al volver a requerirle el número de placa «me dijo que figuraba en la denuncia».
Indica que el hecho de que le grabasen sin su autorización le resultó «de lo más intimidatorio» y se cuestiona «en qué Estado de derecho estamos cuando uno no puede recriminar a un agente por algo que cree que no está bien».
Aunque el asunto lo ha puesto en manos de un abogado, este miércoles presentó un escrito en la Delegación del Gobierno denunciando estos hechos.

miércoles, 12 de julio de 2017

lunes, 10 de julio de 2017

Más de 116.000 parados canarios no cobran ningún tipo de prestación

Más de 100.000 parados canarios malviven sin percibir prestación económica alguna. Subsisten gracias a la economía sumergida, al apoyo familiar y a la gran labor humanitaria de las ONG. Una sociedad supuestamente desarrollada como la nuestra no puede permitirse la existencia de una bolsa de pobreza de tal calibre. Es insostenible y hace falta una acción urgente y contundente desde las instituciones.

sábado, 8 de julio de 2017

Ángela, feliz con su bachillerato

Ángela Cabrera se muestra visiblemente emocionada mientras explica por qué tuvo que dejar los estudios siendo una niña. Al ser la mayor de doce hermanos le tocó ponerse a trabajar con apenas 12 años. «Sé que no fue por egoísmo de mis padres sino por las circunstancias de la vida, éramos gente muy pobre», relata. Con 69 años y toda la ilusión por aprender acumulada desde los 11, terminó el pasado mes el bachillerato de Humanidades en el instituto Joaquín Artiles, en Agüimes, el centro por el que pasaron sus hermanos y donde siempre quiso estudiar: «Cuando vine a matricularme me sentía como si estuviera en la universidad».
Le encantaría cursar el grado en Historia en la universidad pero sabe que es una carrera «dura y costosa económicamente». Así que de momento tiene ilusión por mantenerse activa a través de los estudios y la lectura, algo que su marido e hijos aplauden, Cabrera realizará el ciclo Peritia et Doctrina. Si echa la vista atrás para recordar cómo era la escuela en los años 50 le sorprende el abismo. «En clase teníamos la enciclopedia, fundamentos y manuscritos. No había más», aclara sobre el material didáctico del momento. «El desayuno de media mañana era un vaso de leche, que para prepararlo teníamos que ir a buscar el agua a la acequia, y pan con un poco de queso de bola», cuenta.
Cabrera se maneja con Internet pero admite que le gustaría navegar mejor. No tiene redes sociales, solo whatsapp y gracias a esta herramienta sigue en contacto con compañeros de clase. Del Facebook dice que «es solo una novelería» y una «esclavitud». A pesar de la diferencia de edad con sus compañeros del bachillerato nocturno, los jóvenes siempre la trataron genial y conserva muy buenas relaciones. No se puede comparar con ellos básicamente porque han vivido realidades afiladamente distintas: «Hoy una chica de 21 años es una niña pero en mi época en un ambiente rural como en el que yo me movía una mujer con 20 años... La única salida que había era casarte y tener hijos».
Ángela Cabrera no tuvo graduación porque en el bachillerato nocturno no es costumbre hacerla pero el instituto Joaquín Artiles la homenajeó en la orla del diurno, donde su nieta también celebró el fin de curso.

martes, 4 de julio de 2017

"No somos una lacra"

A fectados por el reciente desalojo de 47 viviendas ocupadas en el edificio El Barco, en el barrio granadillero de San Isidro, han puesto en marcha la Plataforma por el Derecho a una Vivienda Digna Montaña Clara, cuyos objetivos son dignificar a las personas que "se ven obligadas a ocupar pisos de bancos u organismos oficiales", mediar en la defensa de sus derechos básicos y evitar que se les estigmatice y discrimine. Israel Ojel, uno de los promotores de este colectivo sureño, subraya: "Las familias que ocupamos un piso por necesidad no somos una lacra para esta sociedad".
Ojel forma parte del colectivo de "unas 600 personas, entre los que hay unos 200 menores", que, según estima este colectivo, reside en la actualidad en pisos ocupados en Granadilla de Abona "que no pertenecen a otros ciudadanos, sino a entidades bancarias y otros organismos que los mantienen cerrados y abandonados mientras la gente no tiene un lugar donde vivir".
Este colectivo rechaza que los "okupas" destrocen las propiedades: "En el caso de El Barco, por ejemplo, habían robado muchos materiales y las familias que entraron en los pisos los fueron arreglando para hacerlos habitables".
Ojel considera que "cuando vieron que los pisos estaban bien, llegó el desalojo" de medio centenar de personas.
"Queremos llegar a acuerdos con las entidades propietarias para que se dignifique a estas familias y se les permita pagar un alquiler social y contar con servicios mínimos como agua corriente y electricidad", afirma Israel Ojel.
"La inmensa mayoría de nosotros quiere, en la medida de sus posibilidades, pagar un alquiler social, el agua, la luz... pero por ahora no parece posible. No se nos da una oportunidad para regularizar la situación", lamenta.
Se quejan de que los "okupas" están "en tierra de nadie", en una especie de limbo que, en muchos casos, no les permite empadronarse para poder acceder a los servicios sociales municipales.
"Al no permitirnos empadronarnos, oficialmente no existimos. No podemos pedir una ayuda a los servicios sociales y nuestros hijos, aunque estén escolarizados, no pueden acceder a una beca", sostiene Ojel.
La Plataforma por el Derecho a una Vivienda Digna Montaña Clara alerta de que hijos de familias que ocupan pisos "sufren discriminación e incluso acoso escolar" en algunos centros.
"Hay niños que sufren a diario insultos y un trato despectivo. Se les trata como a ladrones simplemente porque su familia está en una situación de exclusión social por no tener acceso a una vivienda", lamenta este colectivo.
"Estamos realizando gestiones para que nos dejen acudir a los colegios de la zona para explicar a los niños que no somos una lacra -explica Ojel-, que nuestras familias no son un peligro para esta sociedad".
Esta plataforma recuerda que San Isidro es un barrio multicultural, por lo que el problema de la falta de vivienda y de la ocupación no entiende de orígenes ni nacionalidades: "Afecta tanto a canarios y españoles como a cubanos, colombianos o marroquíes".
"Llevamos más de tres años luchando para que se nos permita tener acceso a la red pública de agua -indica este portavoz-, pero no lo logramos".
Respecto al desalojo de las 47 viviendas de El Barco, Ojel señala que "fue algo tan precipitado que muchas familias tuvieron que dejar parte de sus escasas pertenencias dentro". Otras familias sacaron a toda prisa sus cosas a la calle, sin saber muy bien qué hacer con ellas luego.